Una hepatitis C aguda puede tardar entre 50-150 días en desarrollarse. La mayoría de las personas que resultan infectadas por el virus de la hepatitis C no manifestarán síntomas. Sin embargo, en torno al 20% sí presentará síntomas, a menudo en forma de una enfermedad ‘seudogripal’ breve.1
Los síntomas de la hepatitis C aguda comprenden:
En el 70%–90% de las personas, el virus permanece en el organismo más allá de la fase aguda de la infección1. Se habla entonces de una infección crónica. No se sabe por qué algunas personas combaten el virus con éxito, mientras que la mayoría se mantienen infectadas de forma crónica.
La mayor parte de las personas con hepatitis C crónica (definida como una enfermedad continua sin mejoría durante al menos seis meses) no tiene síntomas. Cuando aparecen síntomas, pueden ser parecidos a los que se experimentan durante la hepatitis C aguda, pero sin ictericia. A excepción de la astenia, los síntomas de la hepatitis C crónica suelen ser menos numerosos e intensos que los que se observan durante una infección aguda.
Si una persona no recibe tratamiento, el riesgo de lesión hepática grave aumenta con el paso del tiempo. Al principio, este daño adopta la forma de tejido cicatricial o fibrosis, de modo que la curación del hígado deja de estar debidamente controlada. En aproximadamente el 20% de los pacientes, la hepatitis crónica desemboca en cirrosis e insuficiencia hepática1. La cirrosis suele tardar entre 20–30 años en desarrollarse. En una fase más avanzada, los pacientes que presentan cirrosis pueden experimentar síntomas tales como ictericia, atrofia muscular, abrasiones de la piel o hinchazón del estómago o los tobillos.
La hepatitis C puede curarse, si bien las tasas de éxito del tratamiento dependen del genotipo del virus.
Sin embargo, es frecuente que los medicamentos que se recetan para eliminar el virus de la hepatitis C y evitar el daño hepático, provoquen efectos secundarios. Entre ellos figuran los siguientes:
Es posible que se requieran análisis de sangre para que el médico pueda vigilar los efectos secundarios relacionados con la sangre (anemia). El médico querrá conseguir que el tratamiento de un paciente con hepatitis C sea lo más sencillo posible. Por consiguiente, es importante informar al médico de cualquier efecto secundario, porque probablemente será algo que resulte útil.
1Página web de la Organización Mundial de la Salud.
http://www.who.int/csr/disease/hepatitis/whocdscsrlyo2003/en/index.html