No existe ninguna vacuna disponible que proteja de la hepatitis C. Dado que el virus de la hepatitis C es muy diferente de los de la hepatitis A y B, las vacunas de las hepatitis A y B no son eficaces contra el virus de la hepatitis C.
La hepatitis C no se contagia por contacto directo como tocarse, abrazarse o besarse. Tampoco se transmite por la tos o el estornudo ni al compartir alimentos o bebidas. Sin embargo, las personas con hepatitis C no deben compartir enseres domésticos que podrían causar hemorragias, como cuchillas de afeitar o cepillos de dientes.
Hay formas sencillas de reducir el riesgo de contraer hepatitis C. La mejor opción consiste en conocer cómo se transmite la hepatitis C y en evitar las situaciones en las que considere que corre un mayor riesgo.
El virus de la hepatitis C puede destruirse mediante técnicas de esterilización, si bien ha de hacerse correctamente. A fin de reducir el riesgo de contraer hepatitis C mediante prácticas higiénicas deficientes, piense detenidamente en aquellas situaciones en las que sepa que hay posibilidad de que se pinche la piel (por ejemplo, realización de tatuajes o perforaciones). Si algo parece sucio o si cree que alguien ha utilizado una aguja antes, valore el buscar otro centro más adecuado que proteja su salud.
Recubra siempre las heridas abiertas para reducir el riesgo de exposición a sangre infectada.
Si tiene que manipular sangre o hemoderivados, lleve guantes y tenga cuidado con los objetos punzantes (por ejemplo, agujas y jeringas). No manipule sangre con la piel desnuda ya que es posible que tenga pequeños cortes o arañazos no visibles.
Hoy día, la sangre y los hemoderivados preparados con anterioridad para administración por parte de profesionales sanitarios, son objeto de un cribado sistemático del virus de la hepatitis C en la mayoría de los países y también pasan por un procedimiento para inactivar el virus cuando procede.